Durante años viví Ultra Chile desde distintas perspectivas. Sentí la energía del Mainstage, experimenté el formato más íntimo de Road to Ultra, me sumergí en la profundidad de RESISTANCE en Santiago. Cada edición fue un paso, una evolución, un aprendizaje.
Pero esta vez fue distinto.
Esta vez no llegué solo como prensa.
Llegué como invitado.
Como parte de la experiencia.
Vivir Ultra Buenos Aires desde el área VIP cambia completamente la perspectiva. El festival deja de ser únicamente lo que sucede frente al escenario y se convierte en algo más amplio: conversaciones previas al show, equipos técnicos coordinando cada detalle, artistas concentrados antes de salir a escena, energía contenida esperando el momento exacto.
Desde esa posición privilegiada, el Mainstage no solo impresiona por su magnitud. Impresiona por su precisión. Ver cómo todo se mueve al segundo exacto —luces, visuales, pirotecnia, sonido— te hace entender que Ultra no es solo un festival: es una máquina perfectamente sincronizada.
Cuando Zedd encendió la noche con sus himnos melódicos, pude sentir cómo la multitud respondía como un solo cuerpo. Cuando Alesso construyó tensión hasta el límite antes de soltar cada drop, la energía se percibía igual de intensa que en la pista.
Con Zedd, el atardecer se transformó en un momento casi espiritual. Miles de personas cantando al unísono mientras el cielo cambiaba de color. Y cuando deadmau5 tomó el control, la estructura visual del escenario parecía diseñada para envolver cada frecuencia con precisión quirúrgica.




En RESISTANCE, la experiencia fue más íntima pero igual de poderosa. Estar cerca mientras Charlotte de Witte mantenía al público en un trance hipnótico, o sentir la exactitud sonora de Richie Hawtin desde una perspectiva privilegiada, permitió entender el festival desde su arquitectura interna.
Pero lo más impactante no fue el acceso.
Fue el significado.
Porque durante años soñé con vivir Ultra desde este lugar.
No solo como espectador.
No solo como periodista.
Sino como parte de la experiencia.
Estar allí, invitado por la marca, caminando por espacios donde se respira producción, estrategia y visión global, fue una confirmación silenciosa de que el trabajo constante abre puertas que antes parecían inalcanzables.
Ultra Buenos Aires no solo fue un festival más en mi historia. Fue la materialización de una evolución. Fue entender que los sueños no siempre llegan haciendo ruido. A veces llegan en forma de una acreditación VIP, una pulsera distinta y la oportunidad de vivir el evento desde un lugar que alguna vez parecía lejano.
Y mientras miraba la multitud desde esa vista privilegiada, entendí algo claro: El sur no solo vibra fuerte.
También abre caminos. Y este fue uno nuevo. 🔥
Gracias por leerme



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