Hay días en los que uno simplemente se cansa. No del techno, no de los festivales, no de los DJs que se parten la espalda para sonar mejor —sino de esa gente que vive opinando desde la comodidad de un teclado, como si destruir fuera una contribución válida para la escena electrónica.
La verdad es que no lo es. Nunca lo ha sido. Y nunca lo será.
En cada publicación, en cada release, en cada set que un artista comparte con ilusión, aparece el mismo coro cansón de “expertos de internet” que jamás han levantado un proyecto, jamás han tocado en un club, jamás han producido un track, pero se creen con autoridad para dictar sentencia sobre el trabajo ajeno. Y lo peor es que hablan como si entendieran algo.
Pero la realidad es más simple: no están creando nada.
Lo frustrante es ver que mientras algunos DJs, fotógrafos, productores, promotores y medios independientes luchan todos los días por posicionarse, por mejorar, por representar la música que aman, hay quienes desperdician su tiempo atacando.
Horas y horas que podrían invertir en aprender, practicar, estudiar, colaborar o —mínimo— construir algo propio que se pueda respetar. Pero no. Prefieren la crítica vacía, ese ruido estéril que jamás ha aportado absolutamente nada a la cultura.
Y es imposible no sentir decepción. Porque quienes realmente hacen vida en la escena saben lo que cuesta todo: grabar un episodio de radio, editar un aftermovie, producir un EP, montar un evento, pelear con un algoritmo, enviar correos a medios, tocar puertas, ser rechazado, volver a intentar. Es trabajo duro, silencioso, constante.
Mientras tanto, los críticos sin obra siguen ahí, reciclando su energía en comentarios que nadie recordará mañana.
Lo más irónico es que muchos de estos “opinadores” sueñan con triunfar en la música. Pero así no se llega a ninguna parte.
No puedes avanzar mientras inviertes tu energía en destruir.
No puedes crecer si tu aporte es cero.
No puedes pedir respeto cuando no haces nada por merecerlo.

La escena electrónica ha evolucionado gracias a quienes crean, no a quienes critican. A quienes se arriesgan, no a quienes se esconden. A quienes construyen comunidad, no a quienes la envenenan.
Y la verdad es esta:
JAMÁS lograrán algo con esa actitud.
Jamás tendrán una carrera, jamás tendrán respeto, jamás serán parte real de la movida mientras sigan creyendo que tirar comentarios desde la sombra equivale a talento.
La música electrónica necesita más manos trabajando y menos bocas destruyendo.
El que quiere crecer, crea.
El que no quiere, critica.
Y el tiempo siempre termina poniendo a cada uno en su sitio.
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