Hay una frase que llevo escuchando durante más de veinte años cubriendo la industria de la música electrónica.
«Ese DJ no sirve.»
«Está ahí por contactos.»
«No merece tocar ese festival.»
«Yo mezclo mejor.»
Curiosamente, quienes más repiten esas frases casi nunca están produciendo música, estudiando ingeniería de sonido, enviando demos a sellos discográficos o pasando noches enteras perfeccionando un set.
Están escribiendo comentarios.
La música electrónica vive uno de sus mejores momentos en Latinoamérica, pero también arrastra uno de sus mayores problemas: una cultura donde, muchas veces, parece más fácil destruir a un artista que apoyar su crecimiento.
Venezuela acaba de hacer historia… y algunos siguen buscando cómo criticar
Hace apenas un año, Laureano Sánchez escribió una página inolvidable para la música electrónica venezolana al convertirse en el primer DJ del país en presentarse en Tomorrowland, el festival más importante del planeta.




Muchos pensaron que sería un caso aislado.
Se equivocaron.
En 2026 la bandera venezolana volvió a ondear en Boom gracias a Rag, Dayver y Sebastián Rivero, demostrando que el talento nacional ya no es una excepción: empieza a convertirse en una realidad internacional. Sebastián Rivero, por ejemplo, llegó tras construir una carrera basada en producción musical, una identidad artística sólida y una proyección internacional que lo llevó incluso a formar parte de la academia JBL impulsada por Martin Garrix.
Y, sin embargo, mientras algunos celebraban este hito histórico, otros hacían exactamente lo contrario.
Criticar.
Desmerecer.
Buscar cualquier argumento para minimizar un logro que muy pocos artistas en el mundo consiguen.
Tomorrowland no regala escenarios
Hay algo que muchos parecen olvidar.
Tomorrowland no necesita llenar su cartel con favores.
Necesita artistas capaces de representar una marca construida durante más de dos décadas.
Detrás de cada nombre que aparece en un line-up existe un proceso enorme.
Miles de horas produciendo.
Inversión.
Capacitación.
Viajes.
Networking.
Rechazos.
Sacrificios personales.
Constancia.
Nadie llega a Tomorrowland porque alguien escribió un comentario bonito en Instagram.
Y mucho menos porque un amigo lo recomendó.
Se llega porque, en algún momento, el trabajo empezó a hablar más fuerte que las palabras.
Todos los grandes comenzaron siendo «el DJ desconocido»
Martin Garrix fue criticado por ser demasiado joven.
Charlotte de Witte fue cuestionada cuando comenzaba.
Hardwell tuvo que demostrar durante años que no era una moda.
Amelie Lens también fue «la nueva».
John Summit fue blanco de críticas antes de convertirse en uno de los artistas más solicitados del planeta.
La historia siempre se repite.
Cada generación encuentra detractores.
Y cada generación termina demostrando que el talento siempre encuentra su lugar.
La diferencia entre una crítica y una frustración
La crítica es necesaria.
La industria necesita periodistas, promotores, productores y público capaces de analizar una presentación con argumentos.
Eso hace crecer a cualquier artista.
Pero existe otra clase de comentario.
El que nace desde la frustración.
El que aparece únicamente cuando alguien logra algo importante.
Ese comentario no construye.
No aporta.
No enseña.
Solo evidencia una realidad incómoda: hay personas que prefieren ver fracasar a otro antes que reconocer su éxito.
La escena necesita aliados, no jueces
Si realmente queremos que Latinoamérica tenga más representantes en Tomorrowland, Ultra, EDC, Creamfields o Awakenings, debemos entender algo muy simple.
Cada artista que cruza esa puerta deja la puerta un poco más abierta para quienes vienen detrás.
El éxito de Laureano no fue solamente suyo.
También inspiró.
Lo mismo ocurre con Rag, Dayver y Sebastián Rivero.
Ellos representan mucho más que cuatro nombres en un line-up.
Representan años de trabajo y la prueba de que un DJ latinoamericano puede competir en igualdad de condiciones con artistas de cualquier parte del mundo.
Eso debería llenarnos de orgullo.
No de resentimiento.
El verdadero cambio comienza en la comunidad
Las grandes escenas electrónicas del mundo tienen algo en común.
Celebran a sus artistas.
Los clubes apoyan.
Los medios difunden.
Los productores colaboran.
El público consume música local.
Las nuevas generaciones encuentran referentes.
Así crecen los movimientos culturales.
No desde el odio.
No desde la competencia enfermiza.
Mucho menos desde perfiles anónimos que convierten las redes sociales en un tribunal permanente.
Desde TUSDJ
En TUSDJ seguiremos haciendo lo que hemos hecho durante años.
Descubrir nuevos talentos.
Dar espacio a quienes trabajan en silencio.
Celebrar los logros de los artistas latinoamericanos.
Porque creemos que la música electrónica necesita más productores que haters.
Más soñadores que pesimistas.
Más personas que construyan comunidad.
Y menos «expertos del teclado» convencidos de que un comentario puede borrar años de esfuerzo.
La próxima historia de éxito puede estar comenzando hoy mismo en un pequeño estudio, en un dormitorio o en un club con apenas cincuenta personas.
Cuando llegue ese momento, tendrás dos opciones.
Aplaudir porque alguien de nuestra región llegó más lejos.
O escribir otro comentario intentando convencer al mundo de que no lo merecía.
La historia ya nos enseñó quiénes terminan cambiando la industria.
Nunca fueron los que criticaban desde un teclado.
Siempre fueron los que, a pesar de todo, siguieron creyendo en sus sueños.
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